Cómo los videojuegos de estudios indie están cambiando todo

Para poder hablar propiamente del auge e importancia de los videojuegos creados por estudios independientes es imprescindible ir un poco atrás en el tiempo, al comienzo de la creación de una industria de los videojuegos. Recordemos que desde los años setenta hasta bien entrado los noventa algunos videojuegos eran creados por estudios independientes y comercializados por grandes casas, mientras que otros contaban con la transmisión personal, de mano en mano. Una industria incipiente estaba naciendo, de la mano de las nueva consolas y posibilidades tecnológicas.

Un poco de historia

Los videojuegos de esta época inicial se caracterizaban por su diseño más o menos sencillo, gráficos 2D, música 8 bits, mecánicas simples, algo que bien podría abordarse por pequeños equipos de trabajo; pero a finales de los años noventa ocurre una gran transformación: la llegada de los gráficos 3D. Este estilo se convirtió en un estándar en la industria, la expectativa de los jugadores se adaptó a esto; por lo que títulos clásicos hicieron la transición, algunos con éxito (Super Mario 64, por ejemplo) y otros con consecuencias más o menos desastrosas (Megaman o Castelvania, que se sostuvieron un poco en el tiempo gracias al mercado de las consolas portátiles).

A partir de la llegada de este estilo gráfico la inmensa producción de los videojuegos independientes comienza a declinar, pues se requieren grandes equipos de trabajos de desarrolladores y diseñadores para poder cumplir con las expectativas de los videojuegos, los requerimientos del público. Asimismo, la producción de videojuegos comenzó a requerir grandes presupuestos. Con todas estas variables sobre la mesa, no es de extrañar que la industria derivara en juegos que se ajustan a ciertas características y que los estudios indie parecieran destinados a desaparecer.

Cuando una derrota se convierte en una oportunidad

Los videojuegos que comienzan a popularizarse en durante la primera década del siglo XXI responden a unas características bien particulares. Suelen ser de primera persona, con muchísima acción, una historia que apenas logra coexistir con mucha cinemática, en medio de un gran desarrollo gráfico y un gran despliegue de tecnología. Algunos están muy enfocados en las mecánicas multiplayer y, si son realmente exitosos, pueden tener nuevas versiones cada año. Son los nuevos clásicos.

Sin entrar en la polémica discusión de si estos videojuegos producidos en serie anualmente por grandes equipos de desarrolladores son mejores o peores que otros, es claro que disponen de un gran presupuesto, muchísima promoción y una popularidad innegable. Juegos como Call of Duty, FIFA y Assasins Creed ya son franquicias, mueven cantidades impresionantes de personas cada año, son éxitos seguros y por ello las grandes empresas deciden invertir en ellos. Son sinónimos de ganancias seguras, inversiones sólidas y muchísimo dinero.

Sin embargo, existe un grupo grande de gamers con necesidades y expectativas distintas, que no siempre son satisfechas por los videojuegos producidos por las grandes compañías. Son muchas las personas que vieron nacer la industria de los juegos, que recuerdan y añoran la variedad de mecánicas y temáticas que existían. A este grupo de personas es que apunta la producción de los estudios indie de videojuegos.

La revolución silenciosa de los estudios indie

Los juegos indies nacen un poco por nostalgia y por necesidad. Los estudios independientes suelen tener un equipo de trabajo pequeño, y muchos han crecido en la década de los ochenta y noventa, conocieron los grandes clásicos y lograron entender el verdadero fundamento, el alma de estos juegos. No es de extrañar que una parte de su trabajo se inspire en estas bases, que revivan algunos de las mecánicas, aspectos y hasta historias; modernizándolos y agregándoles nuevos aspectos que les permiten crear juegos diferentes, innovadores, con una esencia renovada y fresca.

Es casi imposible encasillar la producción de los estudios indie, reducirla a la enumeración de un grupo de características, pues sus títulos son tan variados como arriesgados. Hay un poco de todo y para todos los gustos, pues precisamente la pequeña revolución de la producción independiente de videojuegos desafía los preceptos que se han impuesto de forma tácita en la industria. Y es que los juegos indie son excelentes terrenos de ensayo, en los que se experimenta con conceptos novedosos, ideas frescas y riesgosas que salen al público para ser probados y comprobar su recepción. Las grandes compañías no están dispuestas a asumir estos retos, pero los estudios independientes han comprobado con gran éxito que es posible innovar, arriesgar y ganar.

En los pequeños estudios indie la inversión suele ser de tiempo y esfuerzo más que de dinero. A menudo están compuestos por grupos muy reducidos de desarrolladores, así que el énfasis no está en el aspecto estético sino en historias y en la exploración de temas y lugares que pueden ser muy arriesgados, conceptos crudos y abstractos. Podríamos afirmar que al no tener que responder a intereses económicos elevados, presiones de la industria para producir cierto margen de ganancia para recuperar la inversión, es mucho más sencillo dar rienda suelta a la imaginación.

Dentro de esta perspectiva, se podría decir que el enfoque arriesgado y experimental de la producción de los videojuegos de estudios indie podría alimentar la experiencia de las empresas de élite. Un ejemplo claro de esto es Minecraft, que fue creado inicialmente por un grupo pequeño de desarrolladores y que, dado su arrollador éxito, fue absorbido por empresas grandes y su modelo es reproducido hasta la saciedad por otros estandartes de la industria.

El desarrollo de herramientas disponibles para la creación de juegos, así como también de plataformas alternativas de distribución de juegos independientes han logrado transformar el mercado, haciendo que muchos ojos se posen sobre estos nuevos modelos de producción. Si bien las grandes empresas, con sus títulos y franquicias inmortales siguen dominando el mercado, cada día son más los gamers que se abocan a plataformas de distribución libres para encontrar juegos que respondan a sus necesidades específicas. Son los pequeños estudios indie quienes están renovando constantemente el mundo de los videojuegos cada día, en silencio, con su fórmula que depende únicamente de la habilidad, imaginación, nostalgia e innovación.